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Año nuevo, vida nueva

Estamos finalizando el año 2020, caracterizado por ser un año atípico para todo el mundo, lleno de enfermedades, muertes, problemas políticos y económicos entre otras cosas. Sin embargo, dice un dicho que “no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista”. Por eso siempre tenemos la esperanza y el anhelo de que el próximo año será mejor.

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¿Haces tú bien en enojarte tanto?

Leer Jonás 4:1-5

La lectura del libro de Jonás es causante de diversas emociones, mientras compartía un estudio de Jonás, uno de los oyentes del mensaje le causaba gracia el hecho de que el profeta estaba durmiendo en la barca mientras ocurría la tempestad y el capitán le decía “¿qué tienes, dormilón?” Jonas 1:6, Desde ahí, esta persona recuerda a Jonás como el profeta dormilón; para otros, es objeto de juicios por sus episodios de rebeldía y enojo que este profeta experimentaba, sin embargo, lo cierto es que este profeta tiene mucho más en común con nosotros de lo que podemos imaginar. En este estudio, responderemos a la pregunta, ¿haremos bien en enojarnos tanto?

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El arrepentimiento de todo un pueblo

Leer Jonás 3:6-10

Lo estudiado hasta ahora, nos enseña lo rebeldes que podemos llegar a ser ante los mandatos del Señor, prefiriendo colocar nuestros deseos o pensamientos antes que la obediencia a Dios, sin embargo, la voluntad del Señor se cumplirá a pesar de nosotros y usara los medios que le plazca para hacerlo.

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Jonás: La desobediencia al mandato

Leer Jonás 1:1-9

Existe un dicho popular que dice: “Lo que aquí se hace, aquí se paga”, esto se suele decir cuando se considera que una persona hizo algo tan malo que debe pagarlo mientras esté vivo. A veces solemos pensar así, creyendo que hay personas que no merecen el perdón de Dios, porque consideramos imperdonable lo que hizo desde nuestra propia óptica y justicia; siendo estos pensamientos contrarios a los preceptos del Señor.

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Dejad a los niños venir a mí.

Leer Mateo 19:13-15

En nuestra amada iglesia tenemos por costumbre orar por las familias que tienen bebes recién nacidos, básicamente para ponerlos en manos del Señor y rogar por el buen desenvolvimiento de esta familia. Este año tuve el privilegio de tener esta experiencia, y aún recuerdo las palabras que suelen decirse en estos actos: “oramos para que Dios les de la sabiduría necesaria para instruir a su hijo y criarlo en el temor de Dios y a nosotros como iglesia para acompañarlos”. Es responsabilidad principalmente de los padres enseñar y guiar al niño en el camino del Señor y la iglesia ayuda a la familia en este proceso como un apoyo.

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