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Una provechosa tormenta

Una de las cosas que suelen observarse en medio de las tormentosas y difíciles circunstancias es la manifestación de diferentes actitudes en los seres humanos que van desde lo positivo y dignas de admiración a lo miserable y reprochable.

En la afamada y popular película “Titanic”, se pueden visualizar de mejor manera algunos de los variados comportamientos presentados por los seres humanos cuando se encuentran en aprietos. Por demás está decir, que la situación que se vivía en el barco era extremadamente difícil, para lo que se destaca en la cinta cinematográfica, algunas personalidades y las decisiones que éstos tomaron en tan agobiantes momentos. Los músicos que estaban animando la velada antes del choque y avería del barco, ahora se encontraban en pleno hundimiento tratando de aliviar la agonía, y mostrar el valor de la música en aquella situación, demostrando valentía y arrojo en usar hasta el final, las capacidades y habilidades dadas por Dios. El capitán, a pesar de haber recibido diferentes llamados para abandonar la embarcación, prefirió de manera leal y admirable sucumbir hasta el fondo del mar junto a las demás personas que sabía tendrían una segura muerte, mostrando en todo caso responsabilidad y meritorio conocimiento de su llamado.

Así como pueden saltar a la vista actuaciones admirables en la afamada cinta, también se muestran acciones repugnantes y deplorables, como las de aquellos que por salvar su vida fueron capaces de asesinar, y minimizar valores y principios como el que da por entendido que las “mujeres y los niños primero” en ser resguardados en una situación de salvamento, mostrándose también, otra cantidad de malas acciones que dan a entender con claridad que en cada situación difícil podemos nosotros también formar parte de los que se comportan leales, valientes, responsables, admirables, misericordiosos o por el contrario de los que sacan desde el fondo de su ser, emociones que reflejan un carácter reprobado y reprochable, que tiene como consecuencia el diseminar actitudes indeseables.

De manera resumida se pueden mostrar desde los versículos 10 al 17 del capítulo 1 del libro de Jonás, algunos principios que vienen a demostrar que la tormenta levantada por Dios en su soberanía, sacó a relucir lo mejor, tanto del siervo Jonás, como del resto de las personas que estaban en la nave; siendo entonces una dificultad de mucho provecho para amoldar el carácter y lealtad de Jonás y doblegar y acercar al verdadero Dios a los tripulantes de la Nave.

1. Las tormentas provocan temor

Al igual que Jonás, los marineros estaban atemorizados, sin embargo, debemos hacer una distinción entre el temor de éstos con respecto al temor de Jonás. El profeta conocía a Dios, por lo que su temor reverente y consciente lo llevaba a estar en una situación de aprietos; que más allá del temor a la muerte, estaba una emoción que le llevaba a saber que había desacatado una orden directa del Dios vivo, descrito por profetas y escritores del pentateuco y demás libros, como uno que aparte de ser misericordioso, también era fuego consumidor, fiel a sus promesas y justo en su proceder. Los tripulantes estaban más preocupados por perder la vida que por reconocimiento del Dios vivo, siendo esta actitud la de muchos hoy en medio de la pandemia; incluyendo cristianos, quienes temen más a la tormenta circunstancial que vivimos que al Dios que causa y permite la tormenta; por lo que entonces debemos con conciencia y búsqueda pedir a Dios, dueño del universo y de todo lo creado, que nos ayude, más allá del temor irreverente, a pensar, reflexionar y revisar nuestras acciones y decisiones en medio del tiempo que vivimos, buscando en todo caso ser de los que actúan y toman decisiones que glorifican a Dios en este y en todo momento.

2. Las tormentas muestran lo inimaginable

Si repasamos algunos versículos antes de llegar al momento cumbre de la tormenta, podemos ver a todos los marineros clamar a sus dioses, cada uno por separado (Vv-5). Ver la trasformación de hombres que en principio y desde sus propios conceptos clamaban a sus dioses por socorro, muestra un cuadro inimaginable, pues esto ocurre como resultado, no sólo por la propia acción de Dios, sino también, por lo que el mismo Jonás a pesar de estar en aprietos demuestra y testifica: “Tomadme y Echadme en el mar”; siendo esta resolución, de las que realizan los hombres y mujeres fieles a Dios, los cuales son capaces de reflexionar y corregir actitudes, dejando de “dormir” para asumir con responsabilidad la labor que por cualquier razón habían dejado. De alguna manera, Jonás en el fondo y muy a pesar de su error, conocía profundamente y de manera cercana a Dios. Sabía que algún acontecimiento iba a ocurrir, en la medida que aquellos hombres sirvieran de instrumento para retornar a la voluntad de Dios, y le entregaran al mar; de manera que el propio Jonás en este punto, estaba intercediendo ante Dios de forma misericordiosa por los hombres de la nave; siendo interesante y hasta chistosa esta actitud, pues estaba predicando y testificando a Dios, ante unos impíos hombres; recordando que el aprieto en el que estaba; se presenta por su negativa a acudir a predicar a los Ninivitas paganos que necesitaban salvación. Ahora, él mismo, por su desobediencia estaba huyendo en un barco, en medio de una embravecida tormenta y con personas no Judías mostrando la misericordia que no quiso llevar a los Ninivitas.

3. Las tormentas provocan oraciones reales y lejos de la religiosidad

La sola oración de estos “religiosos” y paganos hombres es digna de admiración y reflexión, pues, en esta parte de la historia, dejaron de lado sus dioses para acudir en ruego y por la misericordia ante el, hasta entonces, “desconocido” Dios, que Jonás les había traído a su barco; siendo la tormenta la forma palpable de ver el rostro del poderoso Dios de Jonás. “Entonces clamaron a Jehová y dijeron” (Vv-14); es extraño escuchar no de boca de Jonás, sino de boca de los impíos marineros esta petición que se detalla a continuación:

  1. “Te rogamos ahora”; realizan un clamor trasparente ante Dios.
  2. “que no perezcamos por la vida de este hombre”; acuden ante quien les podía salvar.
  3. “no pongas sobre nosotros sangre inocente”; no sólo piensan en ellos sino también en el propio Jonás, mostrando corazones que interceden por los demás.
  4. “tú Jehová, has hecho, como has querido”; entendiendo la soberanía y poder de Dios.

Estos hombres llegaron a actuar de alguna manera honorable, de acuerdo a sus propias convicciones, cosa que los coloca en un punto moral superior al resto de muchas personas, incluso mostrando rasgos de intercesión y “buena” actuación por Jonás. En este punto, muchas personas se quedan, observando y valorando a Dios, como el Dios moral que deja determinaciones morales, pero sin recibirlo y aceptarlo como el Dios que merece y exige una adoración completa; cosa que después de aquietado el mar, mostraron aquellos hombres, saliendo de sus esotéricas y religiosas costumbres, para adorar y hacer votos al Dios de aquel hombre llamado Jonás que les había llevado una provechosa y beneficiosa tormenta.

Conclusión

Las tormentas y dificultades en nuestra óptica son de tonos grises y oscuros, sin mucho provecho y beneficio, sin embargo, Dios las usa y permite para su gloria y para el provecho de sus siervos. Si somos siervos debemos entonces estar reflexionando y reflejando actitudes que en este tiempo lleven a los que están cerca de nosotros a valorar, admirar y clamar en oración al Dios que servimos y adoramos. Si por el contrario este tiempo está sacando a relucir comportamientos y actuaciones impías y paganas, debemos detenernos para reflexionar y hacer un alto en las mismas, para que con la misma determinación y conocimiento del Dios de Jonás, pedir el auxilio y restauración de nuestro ser, acercándonos ante su trono buscando el socorro de Jehová, quien de seguro atenderá y ayudará a salir de las difíciles y oscuras circunstancias que se presentan cuando no le tomamos en cuenta y actuamos en desobediencia y rebeldía. Hoy es un buen tiempo para abrazar las manos misericordiosas y bondadosas del Señor, así como lo hizo Jonás a pesar de su error y los marineros a pesar de su impiedad en medio de aquella tormenta.


Ps. Róbinson Moreno