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UN LLAMADO AL ARREPENTIMIENTO

Leer: Joel 1:13-20

Desde el principio, cuando el hombre cayó en pecado, Dios ha buscado la forma y los medios posibles para que el ser humano se arrepienta de su pecado, y se vuelva de sus malos caminos al Señor. Leemos en toda la escritura, que Dios se ha comunicado con el hombre de distintas maneras con el propósito de que éste responda en arrepentimiento. Tanto así que envió a su propio Hijo, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, para cumplir con la tarea de ser el mediador entre Dios y los hombres. (1 Timoteo 2:5).

El libro del profeta Joel, no es la excepción, su mensaje es claro e imprescindible. En los versículos 2 y 3 ya analizamos que todo lo que escribió el profeta no fue sólo para Israel, sino también para todos nosotros. La enseñanza primordial de este libro es que el arrepentimiento y la obediencia lleven al hombre a reconciliarse con Dios. Haciéndonos una exhortación a: Rasgad nuestro corazón, y no nuestros vestidos. (Joel 2:13).

UNA ALERTA DE VIDA O MUERTE

Joel en los primeros trece versículos del capítulo 1, se dirige al pueblo enviando un mensaje que debía ser oído con mucha atención, con el propósito principal de decirles qué debían hacer en un tiempo complejo como ese. Joel, les indicaría algunas cosas que habrían de hacer.

1) Tenían que llorar, lamentarse, como una joven vestida de luto que había perdido a su prometido. Joel 1:8

2) Los sacerdotes debían hacer duelo. Joel 1:9

3) Los labradores y viñadores tenían que gemir. Joel 1:11

4) Los sacerdotes tenían que vestirse de luto y lamentarse. Joel 1:13

Era tanto el caos que había en esos días, que los sacerdotes no podían desempeñar sus funciones porque no había nada que pudieran usar para sus ofrendas. Así que, tenían que pasar la noche vestidos de luto, es decir, con ropas ásperas y cubiertos de ceniza, porque no podían presentar las ofrendas de cereales ni las libaciones, que consistían en derramar vino o aceite como ofrenda a Dios. Sin embargo, Dios dejó en claro que el factor más importante no era el ritual ceremonial, sino los corazones de los miembros del pueblo. 

Ahora, en el versículo 14, el profeta continuó diciendo:

Proclamad ayuno, convocad a asamblea; congregad a los ancianos y a todos los moradores de la tierra en la casa de Jehová vuestro Dios, y clamad a Jehová.

Joel 1:14

Joel hizo un llamado a los ancianos y sacerdotes, quienes eran los líderes oficiales del pueblo. Designando la responsabilidad de proclamar un ayuno público para que la nación entera pudiera arrepentirse y rogar al Señor que los perdonara y restaurara. En otras palabras, eran exhortados a convocar un ayuno nacional de carácter urgente y sagrado. Por lo general estas convocatorias se hacían con el propósito de celebrar fiestas religiosas, y las intrusiones al respecto se encuentran en el libro de Números 10:3. Al igual que con el ayuno, ninguna clase de trabajo se permitía en esos días especiales. Números 29:35.

¿Por qué Dios quería que este pueblo hiciera ayuno y clamaran a él? Porque Dios es misericordioso y compasivo. Dios quería perdonar sus pecados. Pero el pueblo tenía que humillarse ante el Todopoderoso o de lo contrario morirían en sus pecados.

EL DÍA DEL SEÑOR ESTÁ CERCANO

¡Ay del día! porque cercano está el día de Jehová, y vendrá como destrucción por el Todopoderoso.

Joel 1:15

El día del Señor se describe como aquella ocasión en la que Dios derrama su ira sobre la humanidad, pero trae como resultado bendición y alivio al pueblo de Dios. Joel advierte a su propio pueblo que el día del Señor se acerca con rapidez, y a los pecadores les esperan duras consecuencias por parte del Todopoderoso si no se arrepienten.!

CONSECUENCIA DEL PECADO DE JUDÁ

El profeta describe en los versículos 17 y 18, cuán penosa es la calamidad del pueblo de Judá que hasta las bestias,  plantas y tierra sufrían por su transgresión. 

El grano se pudrió debajo de los terrones, los graneros fueron asolados, los alfolíes destruidos; porque se secó el trigo. ¡Cómo gimieron las bestias! ¡Cuán turbados anduvieron los hatos de los bueyes, porque no tuvieron pastos! También fueron asolados los rebaños de las ovejas.

Joel 1:17-18

El grano se pudrió… no tuvieron pastos… fueron asolados los rebaños de las ovejas… fuego consumió los pastos del desierto… se secaron los arroyos de las aguas. Joel describe a detalle una sequía devastadora la cual afectó todo en Judá.

No obstante, Joel se pone como ejemplo delante de su pueblo Judá, expresando que en ese tiempo de sequía lo único que podían hacer para que la situación cambiara era clamar a Dios (Joel 1:9). Porque no estaba en las manos de los gobernantes, pueblo, sacerdotes, y profetas “arreglar” el problema de la sequía. Dios en su providencia y soberanía llevó a este pueblo a darse cuenta que solo Él podía ayudarles, haciéndoles ver que sus fuerzas, sabiduría, intelectualidad y autosuficiencia eran inútiles, sino venían humillados y arrepentidos ante el Todopoderoso Dios.

CONCLUSIÓN

La historia nos muestra que los tiempos de gran ansiedad y dificultades siempre han impulsado a la gente hacia Dios. Así sucedió en aquellos tiempos en los que el pueblo tuvo que reunirse para ayunar y humillar su corazón al Señor, para no ser destruidos totalmente. 

Hoy día estamos en una situación similar a consecuencia de una terrible pandemia, que ha acabado con millones de vidas en todo el mundo. Hasta el día de hoy, ningún imperio o potencia mundial, con toda su tecnología, fuerza de guerra y avance científico, han podido controlar esta terrible plaga llamada “COVID 19”. He aquí donde el mensaje de urgencia que pregonó el profeta Joel, sigue vigente. “¡El día del Señor está cercano ARREPIÉNTETE!” No hay nada ni nadie que pueda controlar esta situación, al menos que haya un clamor de humillación y arrepentimiento de todos nosotros. Dios ha prometido perdonar a aquellos que se acerquen ante él, con un corazón contrito y humillado.


Por Denys Payen