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La verdadera Fe produce buenas obras

Leer Santiago 2:14-19

Qué pensaría usted de una persona que hable de la siguiente manera:


“No hay nada comparable con el placer y provecho que obtenemos de hablar de las cosas de Dios, por ejemplo; de historia, de los misterios, milagros, prodigios y señales; ¿Dónde podrá hallar lectura tan deliciosa y tan dulcemente escrita como en las Sagradas Escrituras? Leer la escritura, lleva al hombre a tener conocimiento de la vanidad de la vida, de las cosas mundanas, pero también aprende de la necesidad del nuevo nacimiento, de la justicia de Cristo, de arrepentirse, creer, orar y sufrir. Pero también puede enterarse de cuáles son las grandes promesas y consuelos del Evangelio.”


A juicio de muchos, una persona que hable de esta manera es alguien que es creyente, sin duda a equivocarse. No obstante, en la obra del “progreso del peregrino” hay un personaje llamado locuacidad. Cristiano describe a este personaje como el que “Dice mucho y hace nada”. Locuacidad, habla de la oración, del arrepentimiento, de la fe y del nuevo nacimiento; pero nada de ello siente en su corazón, no hace más que hablar. Precisamente este es el tema que Santiago, nos presenta en este pasaje que vamos a estudiar, haciéndonos ver que la “fe sin obra es muerta”. Por tal razón, no basta solamente decir que se tiene fe, sino que debemos evidenciarla a través de las buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Dos preguntas para ayudarnos a reflexionar (Stg 2:14)

Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?

Santiago 2:14.


Por estas preguntas, probablemente había algunos locuaces, en este grupo de personas o iglesias a las que Santiago escribe. La primera pregunta señala que algunos decían tener fe, pero sus obras no corroboraban la fe que decían tener, es importante entender que Santiago no está diciendo que estas personas no ayudaban o beneficiaban a otros, si no que, de manera general sus vidas y testimonios no correspondían a la fe que profesaban, por su patrón de conducta, carácter y hábito. De este modo, redujeron la fe a una simple afirmación intelectual de los hechos acerca de Cristo. Porque vivían una cosa y hablaban otra. En otro sentido, los deseos más íntimos de su corazón eran distintos a los de un verdadero cristiano.


La segunda pregunta que Santiago emplea en este verso, se traduce mejor “¿Acaso puede salvar esa clase de fe?” La respuesta a esta pregunta es NO. Santiago no discute aquí la importancia de la fe. Más bien se opone a la noción de que la fe salvadora, se reduzca a una simple afirmación intelectual carente de un compromiso activo a la obediencia práctica de la Palabra de Dios. Por tanto, la fe del verdadero cristiano es aquella que va acompañada de buenas obras, por esta razón Jesús dice:
Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Mateo 7:16-18

Un ejemplo para llevarnos a la comprensión (Stg 2:15-17)

Una vez más Santiago, amplía su tema con una ilustración cotidiana, con una comparación entre la fe sin obras, con las palabras de compasión, sin los actos de compasión correspondientes. Hay un dicho popular que dice: “Del dicho al hecho hay un gran trecho”. Santiago, en estos textos narra la actitud de una persona que habla como creyente pero que está lejos de serlo. Él dice ser cristiano, pero ve tener necesidad de comida y vestido a un hermano, y teniendo como ayudarle le dice: “ve en paz, calentaos, voy a orar por ti para que Dios te provea y te vaya bien”.

¿Cómo consideras la fe de una persona que es testigo de la necesidad de un hermano y no lo ayuda teniendo como hacerlo y sólo le da palabras?

La Biblia dice:

No te niegues a hacer el bien a quien es debido, Cuando tuvieres poder para hacerlo. No digas a tu prójimo: Anda, y vuelve, Y mañana te daré, Cuando tienes contigo qué darle.

Proverbios 3:27-28

En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.

1 Juan 3:16-18

Estos pasajes nos muestran la veracidad del testimonio cristiano, y la forma de cómo debe relacionarse. No basta decir “yo amo a Dios”, debemos demostrarlo con hechos y en verdad como dice el apóstol Juan.
Al final del verso 16, Santiago hace una interesante pregunta ¿De qué aprovecha? en otras palabras ¿Qué provecho tiene? Encomendar a Dios al necesitado cuando se tiene algo que darle. Esto no es propio de la fe que obra por el amor. La descripción de la fe sin obras es triple porque: No aprovecha, no salva y es muerta. De otro modo la fe sin las obras es inservible, incapaz de salvar y de hecho, muerta. Por tanto, no hay ningún provecho en esto, es por ello que Santiago concluye en el verso 17, diciendo lo siguiente: Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Santiago 2:17.

Una conversación para alumbrarnos la razón (Stg 2:18)

Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.

Santiago 2:18


Este verso, es uno de los más difíciles quizás del Nuevo Testamento. Parece claro que hay un interlocutor ¿pero quién es éste? ¿Es un oponente, un aliado, es real o queda implicado? Lo que resulta evidente es que hay una objeción porque el “alguno”, tiene antecedentes en el contexto del verso (14 y 16). Sin embargo, en cualquier caso, el punto central de Santiago es el mismo. Las obras constituyen la única evidencia de la fe verdadera, en otras palabras, la fe y las obras son como las alas de las aves, sin ellas no pueden volar. Por tanto, el verdadero creyente debe hacer notable esa fe verdadera con las obras. Jesús dijo:

Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.

Mateo 13:23

Una comparación demoledora (Stg 2:19)

Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.

Santiago 2:19


Santiago continúa su argumento en este texto haciendo una comparación entre la fe de aquellos que tienen una profesión que no hace, no obra y no actúa, con la fe que tienen los demonios. Es interesante destacar cómo Santiago nos muestra en este texto, que la fe salvadora es más que tener un conocimiento de las escrituras y de buenos recursos teológicos, porque también los demonios creen y conocen las Escrituras. Alguien dijo: “No hay demonio en el universo que sea ateo”, los demonios son monoteístas y ortodoxos, ellos saben el credo de los apóstoles, creen todas las verdades de las Escrituras, afirman la unidad de Dios y tiemblan. Los demonios tiemblan, porque ellos saben lo que le espera en el juicio de Dios, es por ello que cuando se encontraban con Cristo, clamaban a gran voz diciendo:

¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios.

Marcos 1:24

¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.

Marcos 5:7


Los teólogos fariseos de la época de Cristo, se preguntaban entre sí, acerca de la persona de Jesús, pero los demonios sabían sin duda alguna, que él era el Santo de Dios, el hijo del Dios altísimo quien los va a destruir en el juicio final. Por tanto, saber esta verdad que (Dios es uno), no es prueba de tener una fe viva y salvadora. Como he escrito antes, los demonios conocen la verdad acerca de Dios, Cristo y el Espíritu Santo. Pero odian tanto la verdad como a su Autor. Esto mismo acontece con aquellos que dicen ser “cristianos”, pero sus obras demuestran lo contrario.

Conclusión

Quiero concluir este artículo preguntándote ¿Quién eres: locuacidad o un verdadero creyente?


Hermanos míos, si nuestra fe no es mayor que la de los demonios, hemos creído en vano y nuestra fe es muerta. Ciertamente, las obras no salvan pero son la evidencia que hemos sido salvos. La Biblia dice:
Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. Efesios 2:8-10.
Por tanto, te animo a hacerte la evaluación no del COVID 19, si no de tu fe.

Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; verdadera, viva, la que salva, probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?

2 Corintios 13:5

Por Denys Payen