Dios Vengador, Dios Restaurador

Leer Joel 3:9-21

Al finalizar el libro del profeta Joel, nos encontramos que la profecía tiene un final feliz. Dios en su soberana voluntad  y perfecta justicia redime a su pueblo de la mano  de sus enemigos. En Joel 9 al 21 el SEÑOR no está jugando y está listo para ejecutar Su venganza y castigo contra los enemigos. La justa retribución es la base del castigo divino sobre las naciones, una guerra DIOS librará a favor de Israel. Muchos comentaristas y eruditos de la biblia tienen  diferentes perspectivas sobre los acontecimientos del capítulo tres, porque guardan mucha semejanza con la batalla de Armagedón que se librará al final de la historia. (Ap. 16:16).

Pero, no hay que olvidar que Joel tiene una visión acerca del día del SEÑOR, donde todas las naciones estarán en la presencia  de Dios para juicio y castigo. Mientras a aquellos que invoquen el nombre del SEÑOR en arrepentimiento será salvo (Joel 2:32). 

Sin embargo,  podemos observar en el pasaje varias situaciones que resaltan: en primer lugar una guerra contra las naciones enemigas de Israel, en segundo lugar señal del juicio contra los enemigos y por último Dios mismo restaurará y bendecirá  a su pueblo.

Guerra contra los enemigos (vv 9-13)

Mucha gente cree que Dios es amor y perdón. Esta verdad es cierta, pero también Dios es justo. Y, Su  justicia va contra pecado, ya sea un pecado individual o nacional. El profeta Joel hace un llamado a  las naciones  a prepararse a una guerra contra Dios mismo:

“Proclamad esto entre las naciones, proclamad guerra, despertad a los valientes, acérquense, vengan todos los hombres de guerra” (verso 9). El desafío es para todos los que están en contra del pueblo de Dios. El apóstol pablo dice a la iglesia de Roma, “Amados, nunca os venguéis vosotros mismo, sino dad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: MIA ES LA VENGAZA, YO PAGARE, dice el Señor…” (Romano 12:19). RV60

Dios invita a todos los  valientes guerreros y los que no saben luchar que  se consideran débiles al valle de Josafat (o valle de la decisión), “porque allí me sentaré a juzgar a todas las naciones de alrededor. Echad la hoz, porque la mies está ya madura. Venid, descended, porque el lagar está lleno, rebosan las cubas; porque mucha es la maldad de ellos.” (Verso 12c-13)  

Muy dentro de todos los hombres sus conciencias les acusan que han violado la ley y han cometido pecado contra Dios; pero ellos no conocen la gravedad de sus delitos y pecados, ni piensan que Dios es un Dios santo y perfecto que demanda una justicia perfecta. (Romano 2:15).

Es por medio de la predicación del evangelio que Dios les revela a los que van a creer (a sus escogidos) que han pecado contra la santidad de Dios, y que si son juzgados por sus malas obras y pecados el fin de ellos será el castigo eterno por toda la eternidad

Señales del juicio contra los enemigos (vv 14-17)

“Muchos pueblos en el valle de la decisión; porque cercano está el día de Jehová en el valle de la decisión. El sol y la luna se oscurecerá, y las estrellas retraerán su resplandor” (RV60) otra traducción dice, “Miles y miles esperan en el valle de la decisión. Es allí donde llegará el día del SEÑOR. El sol y la luna se oscurecerá y las estrellas dejarán de brillar” (NTV).

El profeta Joel habla del juicio divino de Dios donde multitud de multitudes estarán delante del trono de Dios esperando la sentencia final.

“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Heb 9:27)

“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos. (Hechos 17:30-31). 

Pero en medio de las señales el pueblo de Dios disfrutará de Su fortaleza, protección y seguridad de Él.

La restauración  del pueblo de Dios (vv 18-21)

Todo el mundo quiere vivir en el paraíso eterno. Pero no todos quieren someterse a la verdad de quien es Dios y de quienes somos nosotros mientras vivamos en la tierra. El final de la profecía de Joel está lleno de conocimiento y promesa sobre nuestro futuro. 

“Sucederá en aquel tiempo, que los montes destilarán mosto, y los collados fluirán leche, por todos los arroyos de Judá correrán aguas; y saldrá una fuente de la casa de Jehová, y regará el valle de Sitim” (vv 18) RV60.

Dios en Su palabra ha prometido la redención y restauración, y Joel tiene la visión de que esa bendición vendrá al pueblo de Israel. Juan en el libro de Apocalipsis, vio la misma verdad que el profeta:

“Y yo Juan, vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido… enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas ya pasaron.” (Apoc. 21:2,4).

No solo la promesa es para el pueblo de Israel, sino para la iglesia triunfante que se reunirá en la nueva Jerusalén. Seremos un solo pueblo redimido para la gloria de Dios. Hay una justicia final y eterna. Los abusos y vituperios que los hijos de Dios sufran un día van a acabar. 

“Egipto será destruido, y Edom será vuelto un desierto asolado, por la injuria hecha a los hijos de Judá; porque derramaron sangre inocente. Judá será habitada para siempre, y Jerusalén de generación en generación.” (Joel 3:19-20).

Conclusión 

Dios es vengador y restaurador. Dios es justo y compasivo. Él no pasa por alto la maldad ni el pecado porque es una ofensa a Su santidad. Él cumple su promesa. La iglesia de Cristo continuará en el mundo hasta el fin de los tiempos. Cuando fallezca una generación de profesantes cristianos, vendrá otra, en la cual el trono de Cristo permanecerá para siempre, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.

 Que todos los miembros vivos de esa iglesia serán establecidos en su felicidad hasta las edades más extremas de la eternidad. Esta nueva Jerusalén será de generación en generación, porque es una ciudad que tiene cimientos, no hechos por manos, sino eterna en los cielos.

Soli Deo gloria


Por Pr. Jesús Idrogo.