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¡Como faros en la oscuridad!

Hace algún tiempo leí un testimonio impactante de un misionero que visitó Corea del Sur; mencionaba en su relato el espectáculo que puede mirarse en horas de la madrugada en las ciudades y pueblos del mencionado país. Muchas luces con la silueta de la cruz se encienden en cada una de las casas donde habitan los creyentes que están regados en todas las ciudades. Destacaba el hermano; que nunca antes había visto un evento tan maravilloso y motivador; cada CASA estaba anunciando por medio de una cruz iluminada en medio de la oscuridad, la presencia de una familia que estaba orando e intercediendo en esa mañana por las diversas situaciones y misioneros que en el mundo son enviados desde ese país; siendo este procedimiento un hábito diario de los creyentes de esa Nación.

Mucho ha avanzado el evangelio en esta parte del mundo, cosa que se corresponde a la pasión, cercanía e identidad de ellos hacia el Dios que le ha permitido emerger desde la oscuridad esclavizante en la que por muchos años habían transitado; dejando muchos de ellos el misticismo religioso en el cual estaban sumergidos y oprimidos.

La pascua

En algún punto de la historia bíblica (Éxodo 12), cuando los Israelistas se encontraban esclavizados en Egipto, fueron guiados a estar desde sus casas como “faros encendidos”, orando, velando y atentos para esperar el “paso de la muerte”, paso que no tendría ningún efecto en aquellos que previamente se hubiesen preparado para obedecer fielmente los mandamientos del Señor.

Los dinteles de las puertas bañados con la sangre de un cordero apartado, limpio y sin defecto sería la máxima señal que evitaría que la oscuridad representada por la muerte ingresara en las casas del pueblo Judío, donde Dios manifestaría su Gloria recordada perpetuamente desde aquella noche hasta hoy. Este pueblo debía permanecer atento, vigilante, expectante y preparados para partir de aquel lugar en la mañana del siguiente día; derivándose algunos principios absolutos de Dios que son pertinentes y aplicables en nuestros días:

  1. El pueblo obedeció fielmente los mandamientos de Dios. (Éxodo 12:28)
  2. El pueblo no repitió este acto literalmente en el futuro, sino lo recordó y celebró como rito recordatorio de la esencia del Dios que los había rescatado, libertado de la esclavitud y perdonado una muerte merecida y segura. (Éxodo 12:12-13, Éxodo 12:14, Éxodo 12:24-28, Éxodo 12:33-36).
  3. Cada familia debía cumplir desde sus hogares los mandamientos del Señor; mostrando así la COMUNIÓN, SANTIDAD, DEVOCIÓN, TEMOR, ante el Dios capaz de desviar los deseos de la muerte al ver una marca de sangre, que prefiguraba y conectaba el sacrificio que escondería la vida de aquellos cobijados con la sangre del cordero de Dios. (Éxodo 12:3, Juan 1:29)
  4. El sacrificio de ofrenda debía ser con un animal limpio, único, apartado, especifico, guardado para tal fin y en tales condiciones. (Éxodo 12:5-10)

Faro que ilumina

En estos tiempos debemos valorar los atributos que son contemplados en la escritura; horas oscuras se viven en el mundo entero; la Iglesia Bíblica Metropolitana esta regada en todas las ciudades de la zona metropolitana, representando y levantando un faro que ilumina y sirve de testimonio a nuestros familiares y propios vecinos que entienden el valor hoy más que nunca de tener personas a los que les puedan confiar una oración que sirva de intercesión ante Dios. Celebremos la cena del Señor conscientes de la necesidad que tenemos de estar reunidos y en comunión junto a todos los que pertenecen a la Iglesia Bíblica Metropolitana hoy reunidos desde casa como luminares en el mundo.

Cena del Señor

Si la pascua se presentó como figura previa de la obra que Cristo vendría a ser como cumplimiento de tal acontecimiento; la cena del Señor es el recuerdo de la obra consumada de la figura representada en la pascua por la sangre de un cordero que salpicado en puertas, frenaba el avance despiadado de la muerte. Cada vez que participamos de la cena del Señor, anunciamos, recordamos y participamos de la muerte del Señor; no como un evento cualquiera; sino uno que es medular para la iglesia que hoy bajo circunstancias no comunes esta regada y diseminada en todas las ciudades.

Este día debe tener un lugar particular en nuestras mentes para los años que se avecinan; como aquel donde cada miembro creyente reunido en su casa, consciente y seguro del acto a realizar, se acercó de manera clara ante el sacrificio del Señor; anunciando, recordando y participando de los elementos. Los Miembros creyentes participantes podrán contemplar en familia, lo que significa espiritualmente tal acto; no degradando ni una sola porción de lo que se practica y realiza, velando por la no participación de aquellos que no entiendan el significado profundo de este mandamiento.

1 Corintios 11:23-26.

  1. Cada miembro creyente de la familia debe permanecer en actitud de oración; involucrando a los niños, los cuales seguramente preguntarán lo que se realiza; siendo esta oportunidad propicia para explicarles el acto en el que se participa.
  2. Luego de orar y preparar “la mesa” con los elementos (Pan y vino), debemos repartir los elementos a cada miembro creyente de la familia.
  3. El padre de familia o miembro responsable, procederá a leer la primera parte del texto ubicado en 1 de Corintios capitulo 11; leyendo el versículos 23 y la primera parte del versículo 24 hasta donde se menciona lo relacionado al partimiento del pan. Al estar preparados, comemos el pan y podemos cantar un himno o canción colocada en el programa previamente enviado. Luego leemos los versículos consecutivos hasta el versículo 26, tomando la copa luego de la lectura.
  4. Finalizado este tiempo, podemos entonces cantar y agradecer juntos por el tiempo vivido; de seguro servirá de muchos para compartir como testimonio; no solo con nuestros familiares, sino con muchos de los hermanos que estarán simultáneamente realizando este mandamiento.

Hoy somos, como faros que se encienden en nuestros hogares para anunciar la salvación a todos los que nos rodean, acercándonos en santidad y comunión. Debemos también reflexionar, avanzar y mejorar nuestra vida cristiana; aprovechando este tiempo desde lo que Dios en su voluntad nos indica; no desvalorizando su obra, sino procurando salir con mejores y valiosas enseñanzas de la situación actual.

Por Ps. Róbinson Moreno