Josué 1:1-19

El corredor británico Derek Redmond llegó a Barcelona con el cartel de favorito al oro en los 400 metros, en pleno auge de su carrera y tras una durísima preparación en la que ya había encajado grandes decepciones. Años atrás Derek había sufrido varias lesiones en su pierna derecha que casi lo dejaban fuera de las competencias y de ganar la medalla olímpica de los 400 metros.

Fue el 3 de agosto de 1992, en los juegos olímpicos de Barcelona, en la pista del estadio olímpico de Montjuic , a menos de doscientos metros de la meta un intenso dolor en la corva derecha le obligó a tirarse sobre la pista, donde, mientras sus rivales le sobre pasaban, acudió el personal de apoyo de la prueba para atenderle.

Redmond rechazó la atención y se empeñó en levantarse para continuar hacia la meta. Ese era su objetivo y lo dijo, cruzar la línea y acabar una carrera que por segunda vez le daba la espalda, y en esta ocasión por última vez. Sin embargo, se puso en pie y empezó a dar pasos para acabar la carrera y llegar a la meta final. Su padre comprendió lo significativo que era para su hijo terminar la carrera, y con lágrimas de ambos y el abrazo en el que se fundieron se dirigieron a la meta. Todos los presentes en el estadio en pie dedicaron una intensa ovación. Esta imagen, quedaría para ser recordada en el mundo del deporte. Un grito se escucha en el estadio “nunca te rindas”   

En la Biblia encontramos historias que nos identifican con sus personajes, conflictos, tentaciones, sufrimientos y éxitos. En el libro de Josué, la característica clave es la  fidelidad de Dios en cumplir su promesa de darle la tierra a los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob.

Josué pasaría a ocupar el papel de líder dejado por Moisés, y continuar la conquista de la tierra prometida. Pero esta tarea requeriría de perseverancia en la fe, obediencia y compromiso. Entonces, ¿qué implica perseverar en la fe?:

Perseverar en la fe implica oír la palabra de Dios (vv. 1-2)

Dios le dice a Josué, mi siervo “Moisés ha muerto:” ahora, pues levántate, cruza este Jordán, tú y todo este pueblo” (Jos. 1:2ª). En el pasado Josué era el siervo y colaborador directo  de Moisés, y obedecía todo lo que este le ordenaba. Ahora, el SEÑOR le dice, tú debes  continuar la tarea de conquistar las tierras que  prometí a tus padres.  “Ahora, levántate, cruza el Jordán”, Escucha Josué, la vida como siempre ha de continuar.  Las palabras son inesperadas. Es la señal que anuncia la salida de una carrera que Josué tendría que correr un día y que se ha estado entrenando y preparando durante mucho tiempo. Las exigencias y desafíos provocan una mezcla de apasionada ansiedad y pánico que todos conocemos cuando nos encontramos en el umbral de un comienzo de nueva  experiencia en nuestra vida. La incertidumbre de no saber cuál es el camino nos atormenta. Es aquí donde la fe al oír la palabra de Dios nos da confianza y seguridad. 

“Para que la fe de ustedes no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios (1 Co 2:5).”

Algunos confían en sus carros de guerra; otros confían en su caballería, Pero nosotros confiamos en el Nombre, ¡confiamos en el Señor, nuestro Dios! (Sal 20:7).

Perseverar en la fe implica obedecer la palabra de Dios (vv. 4-5)

Dios está declarando sus intenciones y las está relacionado con su carácter. Desde un principio la promesa de Dios  con  su pueblo es sacarlo de la esclavitud y llevarlo a una tierra que mana leche y miel (Éxodo 3:17). Pero y aunque la promesa en el versículo 3, no toda la tierra está aún sus manos, Dios le dice, “Todo lugar que pise la planta de vuestro pies os he dado” (Jos. 1:3ª), empleando el pasado a fin expresar la certeza de lo que ocurrirá en el futuro. No hay ninguna duda de quien recibirá la tierra y su extensión. (Jos. 1:4)

Pero surge una pregunta. ¿Cómo es que  buena parte de la tierra no fue conquistada? Resulta lo siguiente,  que perseverar en la fe al oír la palabra de Dios, también  hay una  demanda obedecerla. En el primer libro de Samuel encontramos lo siguiente:

  Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. (1 Samuel 15:22).

Podemos sacar dos importantes conclusiones. La primera es que la realización de lo prometido depende de la obediencia incondicional del pueblo de Dios. Lo triste es que la conquista quedó lejos de completarse, la transigencia y la comodidad se impusieron y que muchos de los habitantes nunca fueron expulsados. Y en segundo lugar, la misma incredulidad y la falta de fe. 

Perseverar en la fe implica tener valentía y se fuerte (v.6-7,9.18)

Considerando las perspectivas que Josué tenía por delante en  la conquistarlas tierras  y los obstáculos, el verso 5, Dios promete, “Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida” (Jos. 1:5ª). Josué pudo pensar que se trataba de una “misión imposible”. No obstante, él estaba plenamente preparado para cumplir los propósitos de Dios, pero “Si Dios está con nosotros, ¿Quién estará contra nosotros? (Ro 8:31); la respuesta es que existen muchos enemigos, persecución, hambre, desnudez, peligro y espada (Ro. 8:35). Sin embargo, “en todas las cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Ro. 8:35). 

Dios exhorta en tres ocasiones a “Sé fuerte y valiente” (vv. 6, 7, 9). Al final del capítulo 18, al pueblo le dice estas mismas palabras. De manera que perseverar en la fe implica tener valentía y ser fuerte. La valentía y la fuerza dependen directamente y detalladamente de la obediencia de la Palabra de Dios. “Este libro de la ley no se apartará de tu boca, sino que meditaras en él día y noche, para que observa de hacer todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino y actúes sabiamente” (verso 8 ; Sal 1).

La obediencia inquebrantable e incondicional de la voluntad del Señor garantiza la prosperidad y que andes sabiamente. Entonces la misión imposible pasará entonces a ser misión cumplida. 

En conclusión.

Conocer a Dios y caminar con él exige fe y una disposición a obrar dentro de los términos que Dios exige.  Martin Lutero solía definir la fe como si se dijese: “Sí, esto es para mí”. Tanto a Josué  como a nosotros perseverar en la fe, es oír su palabra, obedecer y ser fuerte y valiente implica perseverar en la fe es una acción. La fe no tiene miedo ni se rinde. Cuando Dios nos llama a cruzar el Jordán en nuestra vida. Es comprometerse con la causa de Cristo. Es “Fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza” (Ef. 6:10)


Por Pr. Jesús Idrogo.

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